domingo, 19 de julio de 2015

Hoy, la tinta de mis letras se visten de un negro profundo, triste. Mis ojos repasan ese cuento, recuerdan otros tantos y, al igual que Diego, me quedo muda. Muda de hermosura. Tartamudeando no te pido, como él. Yo te agradezco... ¡Gracias por sorprenderme, por abrir mis ojos, y dejar que tus palabras hechas historias se graben en mí, por traerme con vos la realidad, que llega como puñal desnudo e irrevocable...!

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