domingo, 11 de octubre de 2015

Una historia extraña

Hace 405 años, en un pueblito pequeño de Europa, nacía… ¡mi papá! Fue un 12 de octubre de 1492, justo el día en que el Gran Almirante ponía sus pies en estas tierras de América.
Mi abuelo, hombre hidalgo pero de escasos recursos, alentó las fantasías juveniles de papá y  a los 16 años, dándole una espada, una bolsa con unas pocas, poquísimas pertenencias y dos monedas de oro, lo puso a bordo de una carabela que partía hacia las Indias (aún no sabían que América era un nuevo continente).
La travesía, un infierno. Pero al final llegaron a destino: la isla de la Isabela.
Allí, y ante la escasez de recursos, no le quedó más remedio que enrolarse en el ejército, con la esperanza de alcanzar un porvenir brillante.
Pasó el tiempo, y el valor y carácter de papá le ganó el aprecio de su jefe, Don Hernán Cortés, quien lo llevó consigo cuando partió hacia el continente. Su participación heroica en la conquista de Méjico le valió el respecto de españoles y naturales y lo ubicó entre la jerarquía superior del ejército.
Como nunca quiso participar de las mezquindades de sus compañeros, decidió partir rumbo al sur, al recién conquistado reino del Perú, con la esperanza de adquirir más fortuna.
Una vez allí, lo que vio le desagradó profundamente. Papá, aunque soldado, siempre fue, un hombre sensible, de carácter bondadoso y alto sentido de la justicia. Ver lo que los españoles les hacían a los indígenas le causó verdadera repulsión y decidió ponerse abiertamente del lado de los naturales. Esto le acarreó no pocos problemas, al punto tal que para salvar su carrera, y quizás su propia vida, tuvo que emigrar nuevamente más al sur.
Cuando estuvo por partir, un indio viejo perteneciente a la nobleza inca, tutor de la hija mayor del rey, lo llamó aparte y le dijo: - Has sido bueno con nosotros. Quisiera ofrecerte algo como prueba de gratitud. Antes de emprender tu viaje, acompáñame a la selva donde te daré algo que te será de suma utilidad.
Salieron los dos solos y al cabo de unos pocos días, en la profundidad de la selva, llegaron a un lugar donde de lo alto de una roca, caía un chorro de agua cristalina. El hombre, llenando un vaso de oro, lo invitó a beber. Papá lo hizo, sintiendo una extraña sensación de frescura y en ese momento, Condor Pichu, que así se llamaba el viejo, le hizo la revelación más asombrosa que oído humano haya percibido: ¡Papá acababa de tomar el agua de la inmortalidad!
Por supuesto, pensó que Condor Pichu estaba un poco tocado de la cabeza. ¿Inmortalidad? ¡Qué locura! Pero el tiempo se encargó de demostrar lo contrario. En reiteradas ocasiones varias flechas atravesaron su cuerpo sin causarle nada más que un punzante ardor.
Pasaron los años y la muerte no llegó. Su apariencia física no cambiaba. Siguió (y sigue) teniendo el mismo aspecto que cuando tomó el agua.
El problema para él siempre ha sido esconder ante los demás su extraña situación, por lo que tuvo que cambiar constantemente de residencia sin poder quedarse demasiado tiempo en un lugar.
Hoy ya no es un soldado, sino arquitecto.
¡Quién sabe qué será dentro de cien años!
Yo lo veo feliz con nosotros, pero a veces me da la sensación de que está un poco cansado de tanto vivir.
Esta extraña historia me la contó el día que cumplió sus 400 años, cuando yo tenía 8.
Y por supuesto, entonces le creí, y aún le creo…



viernes, 4 de septiembre de 2015

Agüita que se quedó con un poco de vos...
Agüita que te llevó...

Esa tarde ventosa, pero cálida nos despedimos. Vos querías que lo hiciéramos así.
En caravana partimos a transitar las últimas horas juntos. Aquella inmensa cuesta nos esperaba, y mientras la subíamos, el aire se fue llenando de historia compartida, de infancia feliz, de familia...
La aparición, ante nuestra vista, del río, allá detrás del cerro, y de las primeras casas de adobe blanqueado, nos acercaba al adiós.
Pronto llegamos. Unos ojos tímidos, puros, transparentes nos fueron recibiendo, con ese cariño que no se olvida, que no se dice porque no hay palabras hechas para él.
El pueblo estaba casi igual. Caminamos, a veces abrazados, otras solos, y recorrimos cada pedacito de sus calles empedradas. Es que no había lugar, ¡no había un sólo lugar que no nos trajera pasado!. Y así, envueltos en un tiempo que fue, sin darnos cuenta, nos encontramos parados a orillas de esas aguas que, en poco, se convertirían en tus compañeras de viaje.
Lo que pasó después, es cosa nada más que nuestra. Las palabras sólo alcanzan para decir que fue la despedida más dolorosa y hermosa, que pudimos tener. Mi mano se abrió y el agua más transparente que jamás sentí suavemente te llevó...





miércoles, 19 de agosto de 2015

Me dejaste...

Un baúl con cosquillas amarillas
Un sin fin de historias que
me miren con cariño
Una paleta, mil colores y un pincel

Juegos en pedacitos para armar
Varios besos
Cuatro vientos que sean brújula a mis pies
Tus palabras para guardar

El mapa de un tesoro
Un cielo azul para pintar
Un recuerdo, un recuerdo, un recuerdo
Un reloj para ver pasar el tiempo...

Hasta volvernos a encontrar

viernes, 14 de agosto de 2015

Negro profundo...como un manchón de tinta china derramada en el tapiz. Así estoy por dentro, y así se ve el cielo esta noche. O al menos desde mis ojos...
Miro detenidamente. Con extremada atención lo repaso una y otra vez.
Parece que busco alguna estrella moribunda, pero no... Lo que yo busco es tu rostro, aunque tan solo fuera la sonrisa de tus ojos.
Y me canso,
me frustro,
me enojo. ¡Noche oscura que no me deja verte!
Desisto. Tal vez mañana, en la claridad del día, las nubes sean más generosas conmigo, y me ayuden a encontrarte...

miércoles, 12 de agosto de 2015

Despierte mundo,
allá lejos,
al otro lado del sol.
Que a mi me toca jugar con las formas de la luna,
subir interminables peldaños,
para caer
como entre algodones
 en ese otro mundo,
irreal,
liberador,
donde sus lógicas no tienen lugar

domingo, 9 de agosto de 2015


2:47 AM. 

Esperaron, se esforzaron, fue incómodo, doloroso... pero por fin se encontraron. 
Se sintieron, se olieron, se reconocieron. 
Ella lo miró, por primera vez, y su corazón se desprendió para siempre, quedando dulcemente condenada a andar la vida con un parte por fuera de sí.
Él, abrió su boca, y en su pecho, dio el primer sorbo de mundo... 

jueves, 6 de agosto de 2015

Palabras que nacen para ser dichas... 
A gritos o susurrándolas, 
Con la voz, con el cuerpo...

jueves, 30 de julio de 2015

Conjuguemos el mundo, ese que parece tildado en la primer persona del singular.
Desempolvemos un nosotros con todo por hacer.
Entonces sonará...
YO razón
TU sueños
EL pasión

NOSOTROS las manos
VOSOTROS los pies
ELLOS futuro...

viernes, 24 de julio de 2015

Puerta que se abre.
Puerta que pienso traspasar.
Puerta para volver a entrar. 
Te digo cómo, 
te doy la llave para que entremos juntos, 
despacito, y con la punta de los pies, 
pisemos ese país que todavía no existe...

martes, 21 de julio de 2015

Miro a través de la pequeña ventana. Nadie en la calle. Casi nada queda.
Tu llanto va inundando la ciudad. ¿Qué te hicieron?, me pregunto.
Entonces me decido a salir. Camino, dejo que tus lágrimas me empapen... tal vez, así, pueda entender...

domingo, 19 de julio de 2015

Hoy, la tinta de mis letras se visten de un negro profundo, triste. Mis ojos repasan ese cuento, recuerdan otros tantos y, al igual que Diego, me quedo muda. Muda de hermosura. Tartamudeando no te pido, como él. Yo te agradezco... ¡Gracias por sorprenderme, por abrir mis ojos, y dejar que tus palabras hechas historias se graben en mí, por traerme con vos la realidad, que llega como puñal desnudo e irrevocable...!

sábado, 18 de julio de 2015

Busco, obsesivamente, busco... En las empolvadas y amarillentas hojas de alguna enciclopedia. Entre apuntes. En hojas que ya ni sé para qué o cuándo se escribieron. En internet, que promete respondernos todo con apenas un click. Pero no. No encuentro. 
Y entonces, me sigo preguntando... ¿Y la noche... dónde duerme?

viernes, 17 de julio de 2015

Al menos un recuerdo al día, con el que juego, y que escribo con mi mano izquierda y con la derecha, con los ojos abiertos y cerrados, en papel, pero también en la piel. Un recuerdo dicho en palabras...palabras para ser usadas, para darles alas. Palabras que no están muertas, sólo dormidas, a veces...