jueves, 12 de noviembre de 2020

De todas maneras te ibas a ir... 

¿Con qué se llenan los días? Yo, he llenado el primer año de tristeza. Tu ausencia ha logrado lo inexplicable... que ande yo con tan solo la mitad de mi corazón. 
He esperado cada día tu llegada, conformándome en su ocaso, con encontrar tu huella en algún mar estelar. 
Lejos del mentiroso presagio de que el tiempo todo lo cura, hoy comprendo que hay dolores, hay vacíos que nunca dejan de ser, de estar. Y que el tiempo, cruel, los eleva, los exacerba, los agudiza, hasta  que lo llenan todo.
Hoy más que ayer y que mañana, te extraño tanto, pero tanto...

miércoles, 13 de marzo de 2019

Te vuelvo a respirar... 

Recorro esa callecita adoquinada,
El corazón se me acelera...
Pienso que es la altura.
Me detengo.
Respiro hondo pero es en vano...
Los latidos se apresuran.

Cierro los ojos,
Los levanto al turquesa profundo de ese cielo,
Y entiendo...
¡Es que te vuelvo a respirar!

Estás en el aire,
Y en los colores
Amarronados y coloniales...
En las piedras, las veredes,
En todo...

Mi corazón, ya tranquilo,
Siente el abrigo
Y, entonces, 
Emprende nuevamente el viaje...
YA SÉ DÓNDE ENCONTRARTE OTRA VEZ

miércoles, 28 de marzo de 2018

Hoy quisiera...
Abrazarte,
Escucharte con los ojos,
Admirar como siempre
La sabiduría que te dieron los años,
Desearte felicidad y días,
Y fundirme con vos en un sonrisa profunda y contenta.

Hoy quisiera...
Pero no estás.
Entonces...
Cierro mis ojos y
Abrazo tus años,
Escucho tus recuerdos,
tu voz en mi memoria,
Repaso tus días cercanos,
Comprendo que tenemos movimiento,
Y un extraña felicidad
me invade al pensar en el reencuentro.

Abro mis ojos...
Y sonrío.


domingo, 11 de octubre de 2015

Una historia extraña

Hace 405 años, en un pueblito pequeño de Europa, nacía… ¡mi papá! Fue un 12 de octubre de 1492, justo el día en que el Gran Almirante ponía sus pies en estas tierras de América.
Mi abuelo, hombre hidalgo pero de escasos recursos, alentó las fantasías juveniles de papá y  a los 16 años, dándole una espada, una bolsa con unas pocas, poquísimas pertenencias y dos monedas de oro, lo puso a bordo de una carabela que partía hacia las Indias (aún no sabían que América era un nuevo continente).
La travesía, un infierno. Pero al final llegaron a destino: la isla de la Isabela.
Allí, y ante la escasez de recursos, no le quedó más remedio que enrolarse en el ejército, con la esperanza de alcanzar un porvenir brillante.
Pasó el tiempo, y el valor y carácter de papá le ganó el aprecio de su jefe, Don Hernán Cortés, quien lo llevó consigo cuando partió hacia el continente. Su participación heroica en la conquista de Méjico le valió el respecto de españoles y naturales y lo ubicó entre la jerarquía superior del ejército.
Como nunca quiso participar de las mezquindades de sus compañeros, decidió partir rumbo al sur, al recién conquistado reino del Perú, con la esperanza de adquirir más fortuna.
Una vez allí, lo que vio le desagradó profundamente. Papá, aunque soldado, siempre fue, un hombre sensible, de carácter bondadoso y alto sentido de la justicia. Ver lo que los españoles les hacían a los indígenas le causó verdadera repulsión y decidió ponerse abiertamente del lado de los naturales. Esto le acarreó no pocos problemas, al punto tal que para salvar su carrera, y quizás su propia vida, tuvo que emigrar nuevamente más al sur.
Cuando estuvo por partir, un indio viejo perteneciente a la nobleza inca, tutor de la hija mayor del rey, lo llamó aparte y le dijo: - Has sido bueno con nosotros. Quisiera ofrecerte algo como prueba de gratitud. Antes de emprender tu viaje, acompáñame a la selva donde te daré algo que te será de suma utilidad.
Salieron los dos solos y al cabo de unos pocos días, en la profundidad de la selva, llegaron a un lugar donde de lo alto de una roca, caía un chorro de agua cristalina. El hombre, llenando un vaso de oro, lo invitó a beber. Papá lo hizo, sintiendo una extraña sensación de frescura y en ese momento, Condor Pichu, que así se llamaba el viejo, le hizo la revelación más asombrosa que oído humano haya percibido: ¡Papá acababa de tomar el agua de la inmortalidad!
Por supuesto, pensó que Condor Pichu estaba un poco tocado de la cabeza. ¿Inmortalidad? ¡Qué locura! Pero el tiempo se encargó de demostrar lo contrario. En reiteradas ocasiones varias flechas atravesaron su cuerpo sin causarle nada más que un punzante ardor.
Pasaron los años y la muerte no llegó. Su apariencia física no cambiaba. Siguió (y sigue) teniendo el mismo aspecto que cuando tomó el agua.
El problema para él siempre ha sido esconder ante los demás su extraña situación, por lo que tuvo que cambiar constantemente de residencia sin poder quedarse demasiado tiempo en un lugar.
Hoy ya no es un soldado, sino arquitecto.
¡Quién sabe qué será dentro de cien años!
Yo lo veo feliz con nosotros, pero a veces me da la sensación de que está un poco cansado de tanto vivir.
Esta extraña historia me la contó el día que cumplió sus 400 años, cuando yo tenía 8.
Y por supuesto, entonces le creí, y aún le creo…



viernes, 4 de septiembre de 2015

Agüita que se quedó con un poco de vos...
Agüita que te llevó...

Esa tarde ventosa, pero cálida nos despedimos. Vos querías que lo hiciéramos así.
En caravana partimos a transitar las últimas horas juntos. Aquella inmensa cuesta nos esperaba, y mientras la subíamos, el aire se fue llenando de historia compartida, de infancia feliz, de familia...
La aparición, ante nuestra vista, del río, allá detrás del cerro, y de las primeras casas de adobe blanqueado, nos acercaba al adiós.
Pronto llegamos. Unos ojos tímidos, puros, transparentes nos fueron recibiendo, con ese cariño que no se olvida, que no se dice porque no hay palabras hechas para él.
El pueblo estaba casi igual. Caminamos, a veces abrazados, otras solos, y recorrimos cada pedacito de sus calles empedradas. Es que no había lugar, ¡no había un sólo lugar que no nos trajera pasado!. Y así, envueltos en un tiempo que fue, sin darnos cuenta, nos encontramos parados a orillas de esas aguas que, en poco, se convertirían en tus compañeras de viaje.
Lo que pasó después, es cosa nada más que nuestra. Las palabras sólo alcanzan para decir que fue la despedida más dolorosa y hermosa, que pudimos tener. Mi mano se abrió y el agua más transparente que jamás sentí suavemente te llevó...





miércoles, 19 de agosto de 2015

Me dejaste...

Un baúl con cosquillas amarillas
Un sin fin de historias que
me miren con cariño
Una paleta, mil colores y un pincel

Juegos en pedacitos para armar
Varios besos
Cuatro vientos que sean brújula a mis pies
Tus palabras para guardar

El mapa de un tesoro
Un cielo azul para pintar
Un recuerdo, un recuerdo, un recuerdo
Un reloj para ver pasar el tiempo...

Hasta volvernos a encontrar

viernes, 14 de agosto de 2015

Negro profundo...como un manchón de tinta china derramada en el tapiz. Así estoy por dentro, y así se ve el cielo esta noche. O al menos desde mis ojos...
Miro detenidamente. Con extremada atención lo repaso una y otra vez.
Parece que busco alguna estrella moribunda, pero no... Lo que yo busco es tu rostro, aunque tan solo fuera la sonrisa de tus ojos.
Y me canso,
me frustro,
me enojo. ¡Noche oscura que no me deja verte!
Desisto. Tal vez mañana, en la claridad del día, las nubes sean más generosas conmigo, y me ayuden a encontrarte...